La chica era ingenua y con poca experiencia. Eso era perfecto.
Sin embargo, algo en su mente le decía que lo que estaba intentando hacer estaba mal. Él era un manipulador como muchos otros, con una personalidad jodida. Él estaba acostumbrado a aprovecharse de la gente. Y en aquel instante no fue capaz.
Se despidió de la chica y cada uno se fue por su propio camino.
Algo estaba cambiando.
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martes, 17 de noviembre de 2015
jueves, 12 de noviembre de 2015
[A la vuelta de la esquina] Parte 3
Aquella tarde él salió. Había quedado con una chica a la que apenas conocía, pero era muy guapa. Era guapa y tonta. Eso era suficiente para él.
Y además también era virgen. Se preguntaba si él sería capaz de robarle aquello que ella tanto apreciaba y cuidaba con fervor.
Se retó a sí mismo.
Y además también era virgen. Se preguntaba si él sería capaz de robarle aquello que ella tanto apreciaba y cuidaba con fervor.
Se retó a sí mismo.
sábado, 7 de noviembre de 2015
[A la vuelta de la esquina] Parte 2
Su mirada gris cayó en la pantalla, y repentinas ganas de vomitar se hicieron presentes en su estómago. ¿Quién osaba dejar aquella horripilante escena a su vista?
Él sabía la respuesta: los fantasmas de su casa.
Se asustó. Cada vez eran más frequentes y más obvios. Él tan solo quería que aquello se detuviese de una vez por todas. Pero sabía que sólo un milagro podría lograr eso. ¿Qué había hecho tan mal como para recibir semejante castigo? Existir, quizás.
O tal vez él no era quien había hecho algo mal.
Él sabía la respuesta: los fantasmas de su casa.
Se asustó. Cada vez eran más frequentes y más obvios. Él tan solo quería que aquello se detuviese de una vez por todas. Pero sabía que sólo un milagro podría lograr eso. ¿Qué había hecho tan mal como para recibir semejante castigo? Existir, quizás.
O tal vez él no era quien había hecho algo mal.
viernes, 6 de noviembre de 2015
[A la vuelta de la esquina] Parte 1
Comenzó a golpear la mesa con el bolígrafo, sin detenerse. A todos les molestaba, pero todos callaban. Sin embargo el profesor les seguía ignorando.
Deseaba que la hora acabase de una vez por todas. No le preocupó el papel blanco que tenía en frente.
El timbre sonó y nadie se levantó. Excepto él.
No se despidió de nadie.
Se fue directo a su casa, vacía.
Su gata había vuelto a escaparse. Los felinos del vecindario no entendían que jamás podría darles una camada.
Pero le entendía. Él era como ella.
Deseaba que la hora acabase de una vez por todas. No le preocupó el papel blanco que tenía en frente.
El timbre sonó y nadie se levantó. Excepto él.
No se despidió de nadie.
Se fue directo a su casa, vacía.
Su gata había vuelto a escaparse. Los felinos del vecindario no entendían que jamás podría darles una camada.
Pero le entendía. Él era como ella.
lunes, 2 de noviembre de 2015
[Secretos y Mentiras] Capítulo 1
Aquella noche después de las doce, de repente, los cuatro amigos se encontraban en un grupo de What'sApp creado por Gabi, otro amigo, perteneciente a un instituto muy lejano. Sólo tenían a la mitad de los contactos guardados.
Hayley había estado haciendo los deberes hasta tarde tranquilamente cuando su móvil comenzó a vibrar como loco. Lo cogió para encontrarse con unos cincuenta mensajes en menos de un minuto. El nombre del grupo era "Los asesinos" y el emoticono de una bomba.
Ya suponía sobre qué era exactamente.
Hayley: Pero que coño...
Gabi: JEILI GUAPA
Gabi: QUE TAL TODO
Hayley: Lol
Desconocido: Hola Hayley
Desconocido: Soy Mark
Desconocido: De los del norte
Hayley: Okay, ahora te guardo
Mark: Yeee :D xD
Hayley: xd
Hayley: Bueno, hoy no estoy muy de humor
Hayley: Mañana hablamos
Gabi: Oki
Mark: Bye
Silenció el grupo y dejó el teléfono móvil a un lado. No tenía ganas de hablar con nadie.
De repente, vibró otra vez, seguramente le habrían mandado un mensaje privado. Lo contestaría más tarde, solo esperaba que no fuese nada urgente.
Acabó lo que tenía que hacer y se metió en la cama.
Vicky, Liam y Jason despertaron con más de dos mil mensajes nuevos. Solo el rubio se atrevió a leerlos todos y responder con un saludo. Al que nadie contestó porque eran las siete de la mañana.
Ese día la chica de ojos verdes le comunicó a la de ojos castaños que no podría ir a clase porque no se encontraba bien. Hayley tuvo la misión de transmitir el mensaje a los chicos.
A la hora del patio, mientras el rubio y el moreno jugaban al fútbol de todos los días, la más bajita se sentó en las gradas y les miró en silencio mientras se mordía las uñas. Y mientras pensaba en Vicky.
Aquel día había llegado un nuevo alumno al instituto, pero al parecer iba un curso abajo. Se llamaba Connor, y nada más llegar había pedido que le dejasen entrar en un equipo de fútbol. El de Jason fue el que decidió acogerlo.
Como querían comprobar cómo de bien se le daba el juego, quisieron hacer un mini partido. Para poder ver al nuevo decidieron sustituir a Liam, quien se sentó junto a Hayley.
—Hey —dijo el moreno mientras se acercaba a la castaña.
—Ho —respondió ella de la misma forma.
El más alto se sentó a su lado, y miraron cómo los demás comenzaban a preparase para seguir jugando. No tendrían mucho tiempo porque en nada sonaría el timbre. No podían creer que solo les dejasen media hora para descansar.
—¿Qué tal todo? —habló mientras observaban los movimientos de Connor.
—Bueno, normalito supongo —respondió ella.
—¿Mal de amores?
La chica alzó una ceja y le dirigió la mirada. Soltó una pequeña risa, una vacilante. —Puede —se encogió de hombros y miró al frente otra vez.
—¿Quieres hablar de ello?
—Nah —negó.
Liam tan solo estiró su brazo y rodeó a la chica, para luego atraerle hacia él y que ella recostase en su pecho, de forma sobre protectora. Era la mejor manera de brindarle su apoyo. Sabía que aunque le preguntase, respondería poco. Él la entendía, estaban pasando por lo mismo.
—El nuevo juega bien, ¿eh?
—Sí, incluso mejor que yo.
—Todos juegan mejor que tú —se burló.
—Qué puta que eres.
—Pero aun así me quieres, que lo sé yo.
—Claro que sí, enana —dijo con un falso sarcasmo.
Connor realmente jugaba muy bien, no se lo habían esperado. O quizá sí, pero no tanto.
Mientras tanto, Jason andaba bastante distraído, mirando cómo su mejor amigo abrazaba a su amada. No pensaba traicionarle, ¿no? El muy hijo de puta no podía hacer eso. Trató de alejar aquellos sentimientos negativos de su mente, también conocidos como celos.
Fue capaz de reaccionar rápido y coger el balón cuando gritaron su nombre, pero sólo por los pelos.
Liam se preguntó si la persona que le gustaba a Hayley era su mejor amigo. Y una pizca de celos, como los que sintió el rubio, recorrieron su cuerpo. Si era así, probablemente acabarían juntos. Como amigo se alegraría mucho por ellos, amaría verles juntos y felices. Pero en el fondo su corazón se haría añicos, como una botella de cristal aplastada por un camión de una tonelada.
Se tragó su corazón e intentó ayudarles, si podía.
—¿Sabes que a Jason le gustas?
La quinceañera se sorprendió bastante.
—Lol, ¿en serio?
—Sí, me lo contó ayer. ¿Es él de quien estás enamorada?
—Ay, joder, no. Lo siento. Es alguien muy diferente.
El moreno no sabía si estar aliviado o decepcionado. Se enfadó consigo mismo.
—Vaya... Qué pena, habríais hecho una buena pareja —mintió.
—¿Tú crees? No sé, no sé...
—¿Entonces quién es el afortunado?
"El", había dicho "el afortunado". Por supuesto, seguramente no se le hubiese pasado por la cabeza que aquella persona especial fuese una mujer y no un hombre.
—Algún día lo sabrás, pero ese día no es hoy —se rió.
Liam suspiró y miró cómo jugaban otra vez.
De repente sintió como el cuerpo de la pequeña había comenzado a temblar. Estaba llorando. El moreno se puso nervioso. ¿Ahora qué?
Hayley estaba tan dolida que no pudo guardarse las lágrimas por mucho tiempo más. Le daba vergüenza llorar en público. Le hizo gracia ver los nervios de su amigo, pero no fue capaz de reírse.
—No llores, Hayley. Seguro que no es para tanto. Además, ¿has probado a decirle cómo te sientes? —trató de animarla.
Ella negó con la cabeza.
—Es demasiado tarde, a esa persona ya le gusta alguien más.
El timbre avisando que tenían que volver a clase sonó. Jason se acercó a ellos corriendo.
—Liam, hijo de puta, ¿por qué la has hecho llorar? —preguntó acusador— ¿Hayley, estás bien?
Ella sollozó un poco más y decidió que ya era hora de secar las lágrimas. Se tragó el nudo en su garganta, asintió y se levantó.
Liam le abrazó mientras que el rubio les miraba con los labios fruncidos, pero los otros dos no se dieron cuenta.
Mientras iban de vuelta, la castaña se paró frente al baño y les ordenó que siguiesen adelante, o llegarían tarde.
—Tío, ¿qué pasó exactamente?
El moreno suspiró, celoso de que su amado se preocupase por ella de un modo que jamás haría con él.
—Mal de amores, Jason. Nuestra peque está enamorada de alguien y no es correspondida.
El de ojos color cielo no dijo más, pero se preguntó quién era aquella persona que hacía sufrir así a Hayley. Deseaba que fuese él, pero lo dudaba. Los celos recorrieron sus venas de nuevo.
—¿Quién es?
—No lo sé, no me lo quiso contar.
—Puta vida.
La misma pregunta pasaba por su mente una y otra vez. ¿Quién era aquella persona que ocupaba la mente de su amada de tal modo que le hacía llorar?
Hayley había estado haciendo los deberes hasta tarde tranquilamente cuando su móvil comenzó a vibrar como loco. Lo cogió para encontrarse con unos cincuenta mensajes en menos de un minuto. El nombre del grupo era "Los asesinos" y el emoticono de una bomba.
Ya suponía sobre qué era exactamente.
Hayley: Pero que coño...
Gabi: JEILI GUAPA
Gabi: QUE TAL TODO
Hayley: Lol
Desconocido: Hola Hayley
Desconocido: Soy Mark
Desconocido: De los del norte
Hayley: Okay, ahora te guardo
Mark: Yeee :D xD
Hayley: xd
Hayley: Bueno, hoy no estoy muy de humor
Hayley: Mañana hablamos
Gabi: Oki
Mark: Bye
Silenció el grupo y dejó el teléfono móvil a un lado. No tenía ganas de hablar con nadie.
De repente, vibró otra vez, seguramente le habrían mandado un mensaje privado. Lo contestaría más tarde, solo esperaba que no fuese nada urgente.
Acabó lo que tenía que hacer y se metió en la cama.
Vicky, Liam y Jason despertaron con más de dos mil mensajes nuevos. Solo el rubio se atrevió a leerlos todos y responder con un saludo. Al que nadie contestó porque eran las siete de la mañana.
Ese día la chica de ojos verdes le comunicó a la de ojos castaños que no podría ir a clase porque no se encontraba bien. Hayley tuvo la misión de transmitir el mensaje a los chicos.
A la hora del patio, mientras el rubio y el moreno jugaban al fútbol de todos los días, la más bajita se sentó en las gradas y les miró en silencio mientras se mordía las uñas. Y mientras pensaba en Vicky.
Aquel día había llegado un nuevo alumno al instituto, pero al parecer iba un curso abajo. Se llamaba Connor, y nada más llegar había pedido que le dejasen entrar en un equipo de fútbol. El de Jason fue el que decidió acogerlo.
Como querían comprobar cómo de bien se le daba el juego, quisieron hacer un mini partido. Para poder ver al nuevo decidieron sustituir a Liam, quien se sentó junto a Hayley.
—Hey —dijo el moreno mientras se acercaba a la castaña.
—Ho —respondió ella de la misma forma.
El más alto se sentó a su lado, y miraron cómo los demás comenzaban a preparase para seguir jugando. No tendrían mucho tiempo porque en nada sonaría el timbre. No podían creer que solo les dejasen media hora para descansar.
—¿Qué tal todo? —habló mientras observaban los movimientos de Connor.
—Bueno, normalito supongo —respondió ella.
—¿Mal de amores?
La chica alzó una ceja y le dirigió la mirada. Soltó una pequeña risa, una vacilante. —Puede —se encogió de hombros y miró al frente otra vez.
—¿Quieres hablar de ello?
—Nah —negó.
Liam tan solo estiró su brazo y rodeó a la chica, para luego atraerle hacia él y que ella recostase en su pecho, de forma sobre protectora. Era la mejor manera de brindarle su apoyo. Sabía que aunque le preguntase, respondería poco. Él la entendía, estaban pasando por lo mismo.
—El nuevo juega bien, ¿eh?
—Sí, incluso mejor que yo.
—Todos juegan mejor que tú —se burló.
—Qué puta que eres.
—Pero aun así me quieres, que lo sé yo.
—Claro que sí, enana —dijo con un falso sarcasmo.
Connor realmente jugaba muy bien, no se lo habían esperado. O quizá sí, pero no tanto.
Mientras tanto, Jason andaba bastante distraído, mirando cómo su mejor amigo abrazaba a su amada. No pensaba traicionarle, ¿no? El muy hijo de puta no podía hacer eso. Trató de alejar aquellos sentimientos negativos de su mente, también conocidos como celos.
Fue capaz de reaccionar rápido y coger el balón cuando gritaron su nombre, pero sólo por los pelos.
Liam se preguntó si la persona que le gustaba a Hayley era su mejor amigo. Y una pizca de celos, como los que sintió el rubio, recorrieron su cuerpo. Si era así, probablemente acabarían juntos. Como amigo se alegraría mucho por ellos, amaría verles juntos y felices. Pero en el fondo su corazón se haría añicos, como una botella de cristal aplastada por un camión de una tonelada.
Se tragó su corazón e intentó ayudarles, si podía.
—¿Sabes que a Jason le gustas?
La quinceañera se sorprendió bastante.
—Lol, ¿en serio?
—Sí, me lo contó ayer. ¿Es él de quien estás enamorada?
—Ay, joder, no. Lo siento. Es alguien muy diferente.
El moreno no sabía si estar aliviado o decepcionado. Se enfadó consigo mismo.
—Vaya... Qué pena, habríais hecho una buena pareja —mintió.
—¿Tú crees? No sé, no sé...
—¿Entonces quién es el afortunado?
"El", había dicho "el afortunado". Por supuesto, seguramente no se le hubiese pasado por la cabeza que aquella persona especial fuese una mujer y no un hombre.
—Algún día lo sabrás, pero ese día no es hoy —se rió.
Liam suspiró y miró cómo jugaban otra vez.
De repente sintió como el cuerpo de la pequeña había comenzado a temblar. Estaba llorando. El moreno se puso nervioso. ¿Ahora qué?
Hayley estaba tan dolida que no pudo guardarse las lágrimas por mucho tiempo más. Le daba vergüenza llorar en público. Le hizo gracia ver los nervios de su amigo, pero no fue capaz de reírse.
—No llores, Hayley. Seguro que no es para tanto. Además, ¿has probado a decirle cómo te sientes? —trató de animarla.
Ella negó con la cabeza.
—Es demasiado tarde, a esa persona ya le gusta alguien más.
El timbre avisando que tenían que volver a clase sonó. Jason se acercó a ellos corriendo.
—Liam, hijo de puta, ¿por qué la has hecho llorar? —preguntó acusador— ¿Hayley, estás bien?
Ella sollozó un poco más y decidió que ya era hora de secar las lágrimas. Se tragó el nudo en su garganta, asintió y se levantó.
Liam le abrazó mientras que el rubio les miraba con los labios fruncidos, pero los otros dos no se dieron cuenta.
Mientras iban de vuelta, la castaña se paró frente al baño y les ordenó que siguiesen adelante, o llegarían tarde.
—Tío, ¿qué pasó exactamente?
El moreno suspiró, celoso de que su amado se preocupase por ella de un modo que jamás haría con él.
—Mal de amores, Jason. Nuestra peque está enamorada de alguien y no es correspondida.
El de ojos color cielo no dijo más, pero se preguntó quién era aquella persona que hacía sufrir así a Hayley. Deseaba que fuese él, pero lo dudaba. Los celos recorrieron sus venas de nuevo.
—¿Quién es?
—No lo sé, no me lo quiso contar.
—Puta vida.
La misma pregunta pasaba por su mente una y otra vez. ¿Quién era aquella persona que ocupaba la mente de su amada de tal modo que le hacía llorar?
viernes, 30 de octubre de 2015
[Secretos y Mentiras] Prólogo
—¡Hey, Liam! —gritó un rubio mientras le pegaba una patada al balón y golpeaba al moreno en la entrepierna.
El susodicho cayó al suelo retorciéndose de dolor. Pararon el juego para preguntarle si se encontraba bien.
—Tío, Liam, deberías prestar más atención al partido. —Le extendió la mano para ayudarle a levantarse.
—Hijo de puta, me has hecho daño.
—Es tu culpa. —Se encogió de hombros y le pegó un puñetazo en el hombro de forma amistosa.
A lo lejos Hayley y Vicky hablaban mientras veían cómo estaban jugando. Se rieron mucho cuando Jason le había dado un balonazo a Liam en su zona sensible, pero no se preocuparon sabiendo que estaría bien.
Al sonar el timbre se juntaron los cuatro amigos para volver juntos a clase, pues coincidían en esa lección. Se sentaron en las mesas de siempre: pegados a la pared que daba a los pasillos, las dos chicas estaban en segunda fila y los chicos justo detrás, en pupitres que iban por parejas.
Más de una vez les tenían que regañar por hablar demasiado e interrumpir a la clase.
Liam y Jason se conocían desde pequeños y eran mejores amigos desde tiempos inmemorables. Eran tan inseparables como Vicky y Hayley, que eran vecinas y que, aunque sólo se conocían desde hacía dos años, habían formado un lazo inquebrantable.
Al acabar las clases se fue cada uno por su lado, excepto la chica de pelo negro y la chica de pelo castaño, que iban juntas.
—Oye, Hayley, ¿quieres que te cuente una cosa? Pero no se lo digas, eh.
—¿Qué? ¿A quién? —respondió la más bajita.
—Verás, la verdad es que... —se había lanzado demasiado rápido, y en ese momento sintió un poco de vergüenza, pero cuando vio la mirada curiosa de su mejor amiga y recordó que entre ellas se confesaban todo, siguió hablando— La verdad es que me gusta Liam.
La castaña sintió como si su corazón fuese un cristal caído de un décimo piso. Hizo ademán de sonreír, pero no fue convincente para Vicky, que la miró preocupada.
—¿Tanto te sorprende?
—¡No! No es eso. Es que ya lo supuse desde antes por la manera en la que lo mirabas —trató de justificarse con mentiras—. Es solo que, como tardabas tanto en decírmelo, creí que me habría equivocado y me sorprendí.
—Ah, bueno, tampoco me gusta desde hace tanto, solo un mes o así.
Las palabras de Vicky se clavaban como puñales en Hayley. Aunque sabía que tenía que estar acostumbrada, Vicky era hetero y jamás la correspondería. Aún así le dolía mucho, cada vez que veía a su mejor amiga con otro chico, una grieta más aparecía en su ya rasgado corazón.
♀♂♀♂♀♂♀♂♀♂♀♂♀♂♀♂♀♂♀♂
Mientras tanto, cuando los chicos llegaron a sus respectivas casas, lo primero que hicieron fue comenzar a chatear entre ellos. Principalmente porque Jason le quería preguntar los deberes a Liam, pues no se los había apuntado.
Poco a poco la conversación empezó a cambiar de rumbo por completo.
Jason: Oye.... tio ay algo k trngo k kontarte
Al otro lado de la pantalla, el corazón del moreno se aceleró, haciéndose ilusiones por nada. Sabía que no iba a pasar, pero no podía evitar fantasear.
Liam: Aja
Liam: Cuenta
Jason: Veras.. me gusta 1 persona
El más joven en ese momento no supo qué pensar. Se imaginó que esa persona era él, lo que hacía que las mariposas en su estómago revolotearan inquietas, pero sabía cuán imposible era.
Liam: Y quién es esa persona?
Jason: ...
Jason: Galletas
Liam: Qué coño? Tanto amas la comida?
Jason: Ups
Jason: El autocorrector atako d nuebo xD
Jason: Keria decir Haylay xDDD
El mundo de Liam se destruyó en unos segundos. Aunque se lo esperaba, de ningún modo su mejor amigo llegaría a quererle mas allá de la amistad. Sintió un nudo en su garganta.
Jason: Oye no m dwjes en visto
Liam: Perdón
Liam: Creí que te gustaban con las tetas grandes .-.
Jason: Ya bueno
Liam: Y Hayley está plana
Jason: Ns simple mente m gusta
Liam: xD
Liam: Pues suerte con ella
Liam: A ver si consigues algo ;)
Jason: Grax
La conversación se quedó allí. No dijeron nada más.
Aquella tarde para Jason sería otra tarde de hacer el vago. Se sentía mucho mejor tras haberle contado a su mejor amigo lo que sentía por la castaña, como si se hubiese liberado de un peso sobre sus hombros. Miraría la tele, jugaría a algún que otro videojuego y quizás haría los deberes.
Aquella tarde para Liam sería otra tarde de lágrimas.
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